A pesar de su pequeño tamaño, las abejas son las responsables de que todos los seres vivos podamos alimentarnos. El 75% de los cultivos del mundo dependen de su polinización o la de otros insectos. Por eso, sin abejas no hay vida.

Pero actualmente están muriendo a una tasa anual que representa el doble de la considerada normal.

Una de la causa son los agroquímicos.

El glifosato es el químico más usado como herbicida en el mundo. Fue descubierto ese fin en 1970 por Monsanto. Su uso fue considerado inocuo para las personas y los animales hasta que empezaron a elaborarse investigaciones sobre sus efectos perjudiciales.

El glifosato actúa bloqueando una enzima particular en las plantas. Pero esta enzima también la producen algunas bacterias que viven en el sistema digestivo de las abejas, y otros insectos; por lo cual no sería tan inocuo para los animales.

Por eso, un nuevo estudio publicado en los Archivos de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos, vincula el uso del glifosato con la reducción cada vez más significativa de las poblaciones de abejas.

Para hacer el estudio, los científicos expusieron a un grupo de abejas al químico; y realizaron comparaciones con otro grupo sin exposición.

El resultado fue que las expuestas mostraron una reducción de una bacteria que no solo participa en la digestión, sino también como defensora de las infecciones o enfermedades.

Solo una décima parte de las abejas afectadas por el glifosato sobrevivieron en el estudio.

Además de este daño a las abejas, es importante recordar que el glifosato fue considerado como “probablemente cancerígenos en humanos” por la Agencia Internacional de Investigación del Cáncer, dependiente de la Organización Mundial de la Salud.

Fuente: Filo news / La Vanguardia / La Bioguia


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